En República Dominicana, la violencia contra los niños y adolescentes se ha convertido en una epidemia silenciosa. Cada día, menores de edad son víctimas de maltrato físico, psicológico y negligencia, muchas veces a manos de quienes deberían protegerlos: sus propias familias. Los casos más recientes, que incluyen muertes y lesiones graves, han encendido las alarmas y puesto en evidencia la urgencia de actuar.
Historias que estremecen
Carlos Daniel Díaz Peña, de dos años, murió en mayo con signos evidentes de violencia: quemaduras, hematomas y fracturas. Su madrastra es la principal acusada. Luis Gabriel, también de dos años, falleció tras recibir golpes contusos, y su padrastro es el sospechoso. Yuleidy Serrano Santana, de cinco años, perdió la vida arrastrada por una cañada mientras jugaba sin supervisión. Estos casos no son aislados; son parte de una realidad que afecta a miles de niños en el país.
La familia: un escudo que falla
Ligia Pérez Peña, presidenta ejecutiva del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI), ha hecho un llamado urgente a las familias. “La protección comienza en casa. La familia debe ser el primer escudo de protección, nunca su primer campo de riesgo”, enfatizó. Sin embargo, cuando los casos llegan al CONANI, es porque ese primer círculo ya ha fallado.
Datos alarmantes
Según UNICEF, el 64 % de los niños entre 1 y 14 años en República Dominicana ha sufrido violencia física o psicológica por parte de sus cuidadores. Esta cifra aumenta al 70 % en niños de 3 a 4 años. Además, el 5,3 % de las heridas por violencia corresponde a menores de edad, y el 8 % de los casos presentados ante las fiscalías están relacionados con violaciones al Código de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes.
Consecuencias legales
El abogado José Eliseo Almánzar explica que el maltrato infantil puede ser sancionado con penas que van desde un mes hasta cuarenta años de prisión, dependiendo de la gravedad del caso. Las sanciones incluyen multas, pérdida de la patria potestad y reparación civil. En casos de muerte, se clasifica como homicidio o asesinato, con penas aún más severas.
Salud mental de los cuidadores
La salud mental de quienes crían a los niños es un factor clave. Casos recientes, como el de una mujer que decapitó a su hija de seis años, evidencian la conexión entre trastornos mentales y violencia extrema. La psiquiatra Carmen Ramírez advierte que el estrés, la ansiedad y la depresión afectan la capacidad de brindar una crianza segura. “El niño que crece bajo patrones de violencia aprende que el amor duele”, explicó.
Señales de alerta
La psicóloga Ana Romero destaca que el abuso infantil deja secuelas emocionales profundas. Cambios bruscos de comportamiento, problemas de sueño, rechazo al contacto físico y conductas sexuales inapropiadas son señales que deben activar la atención de los adultos. “Es crucial estar atentos y buscar ayuda profesional ante cualquier sospecha”, afirmó.
La responsabilidad es de todos
La violencia contra los niños no es solo un asunto familiar; es una responsabilidad social. La Procuraduría General de la República dispone de la Línea Vida (809-200-1202) para reportar casos de maltrato. Según CONANI y UNICEF, más de diez niños son víctimas de violencia cada día en República Dominicana. Detrás de cada número hay una historia rota y una familia que pudo —y debió— proteger.
La gran pregunta sigue siendo: ¿Qué está fallando en el primer círculo de protección: el hogar?





