Siete años después de la tragedia que sacudió a la República Dominicana, las familias de las 236 víctimas del colapso de la discoteca Jet Set aún esperan justicia. Los dueños del local, Maribel y Antonio Espaillat, enfrentan cargos de homicidio involuntario, pero el proceso judicial avanza lentamente, dejando a los afectados en un limbo legal.
El fatídico incidente ocurrió el 8 de abril, durante un concierto del famoso merenguero Rubby Pérez. El techo de la discoteca se derrumbó, sepultando a cientos de personas. Además de los fallecidos, más de 180 resultaron heridos. La noche que prometía ser de diversión se convirtió en una de las peores tragedias en la historia del país.
El Ministerio Público acusa a los hermanos Espaillat de homicidio involuntario y lesiones involuntarias. Según la investigación, los dueños sobrecargaron la estructura del techo con equipos de climatización y tanques de agua sin realizar estudios técnicos que garantizaran su seguridad. Además, ignoraron advertencias sobre el deterioro del edificio, priorizando el ahorro de costos sobre la seguridad.
La procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, lideró la investigación, que incluyó testimonios de expertos en ingeniería. Estos confirmaron que el colapso fue resultado de negligencias graves en el mantenimiento y diseño de la estructura.
La noche del desastre, Rubby Pérez estaba en el escenario cuando el techo cedió. El caos fue total: ambulancias, rescatistas y autoridades acudieron al lugar, pero para muchos ya era demasiado tarde. Entre las víctimas se encontraban figuras prominentes como el exbeisbolista Octavio Dotel, la gobernadora Nelsy Cruz y ejecutivos del Banco Popular.
Los Espaillat fueron arrestados pero quedaron en libertad bajo fianza. Ahora, buscan un nuevo peritaje que respalde su defensa, mientras las familias de las víctimas claman por un veredicto que les brinde algo de paz.
Siete años después, la herida sigue abierta. La tragedia del Jet Set no solo marcó un antes y un después en la República Dominicana, sino que también dejó una lección dolorosa sobre las consecuencias de la negligencia. La justicia, sin embargo, sigue siendo esquiva.





