Un devastador terremoto de más de siete grados en Santiago, la segunda ciudad más poblada de República Dominicana, podría dejar un saldo de 2.600 muertos, 97.200 heridos y más de 6.200 edificaciones colapsadas, según un estudio realizado por un grupo de ingenieros. Los expertos advierten que la ciudad, con más de un millón de habitantes, carece de la capacidad necesaria para enfrentar un desastre de tal magnitud, lo que generaría pérdidas materiales superiores a los 10.000 millones de dólares y graves problemas logísticos.
El informe, elaborado por profesionales del Colegio Dominicano de Ingenieros y Arquitectos (CODIA), destaca que Santiago no está preparada para un sismo de 7,5 grados. Entre las principales limitaciones se encuentran la falta de patólogos forenses, la escasez de espacios en cementerios, dificultades en el suministro de agua potable y problemas de comunicación. Además, la infraestructura actual no permitiría una respuesta rápida y efectiva ante una emergencia de esta naturaleza.
Los ingenieros Ervin Vargas, Luis Peña, Erick Mercedes, Arcadio Rodríguez y Ashley Morales, autores del estudio, subrayan la necesidad urgente de implementar medidas de planificación y prevención. Vargas, ex presidente de la regional norte del CODIA, enfatizó que el primer paso debe ser desarrollar métodos para garantizar respuestas inmediatas ante un desastre. También se está realizando un levantamiento para identificar los recursos disponibles, incluyendo personal, equipos y vehículos de instituciones públicas y privadas.
Para lograr una estrategia nacional efectiva, los expertos instan al Gobierno Central a financiar el equipamiento necesario y establecer políticas de Estado que aborden las adversidades naturales. Santiago, históricamente vulnerable a terremotos, ha sufrido eventos catastróficos en el pasado, como el que destruyó completamente la ciudad y la provincia de La Vega.
El estudio concluye con un llamado a la acción inmediata, advirtiendo que la falta de preparación podría tener consecuencias devastadoras para la población y la economía de la región. La implementación de medidas preventivas y de respuesta rápida se presenta como una prioridad ineludible para evitar una tragedia de proporciones históricas.





