Las elecciones en Bolivia este domingo dejaron una sorpresa mayúscula. Rodrigo Paz, un candidato centrista y exalcalde de Tarija, se alzó como el ganador con el 31,6 % de los votos, según el conteo rápido. Sin embargo, deberá enfrentar una segunda vuelta el próximo 19 de octubre contra el expresidente de derecha Jorge “Tuto” Quiroga, quien obtuvo el 27,1 % del apoyo electoral.
Paz, del Partido Demócrata Cristiano, es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora y nació en España durante el exilio de su padre. Su campaña, caracterizada por su austeridad y bajo gasto en redes sociales, logró capitalizar un voto de cambio. Además, se cree que absorbió parte del apoyo que inicialmente estaba destinado a Jaime Dunn, un economista liberal cuya candidatura fue inhabilitada por deudas con el Estado.
En su discurso, Paz hizo una mención religiosa al afirmar: “El pueblo unido no será vencido si Dios está con ese pueblo”. También advirtió que “aún no está nada dicho” y que deben seguir trabajando hasta el balotaje.
Otro resultado inesperado fue la derrota del empresario Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional, quien quedó en tercer lugar con el 19,5 % de los votos. Esta es la cuarta vez que Doria Medina fracasa en su intento por llegar a la presidencia. Tras reconocer su derrota, expresó su apoyo a Paz.
Las encuestas preelectorales no anticiparon este escenario, ya que colocaban a Doria Medina como un firme candidato para la segunda vuelta, junto a Quiroga. Paz, por su parte, aparecía en un lejano tercer lugar con apenas un 9 % de intención de voto.
Estas elecciones marcan un punto de inflexión para Bolivia, que por primera vez aplicará el mecanismo de segunda vuelta introducido en la Constitución de 2009. Además, representan el fin del “socialismo del siglo XXI” encarnado por el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, que dominó la política boliviana durante dos décadas.
Aunque el voto nulo, promovido por Morales, alcanzó un 18,93 %, este resultado solo sirvió para demostrar que aún cuenta con un núcleo duro de apoyo. Los votantes optaron por un cambio hacia la derecha o centroderecha, representada por Paz y Quiroga, quienes coinciden en la necesidad de ajustes económicos, cierre de empresas estatales deficitarias y apertura a inversiones extranjeras.
El próximo presidente también podría cambiar la alineación de Bolivia con gobiernos autoritarios de la región, como Venezuela, Cuba y Nicaragua. Además, se enfrentará a un Congreso muy fragmentado, sin mayoría absoluta para ningún partido, algo inédito en los últimos 20 años de hegemonía del MAS.
La jornada electoral transcurrió en su mayor parte sin incidentes, aunque el descontento con el gobierno de Luis Arce y el MAS fue evidente. En Santa Cruz de la Sierra, el candidato oficialista Eduardo del Castillo fue abucheado por los votantes al intentar saltarse la fila para emitir su voto. “A la cola, que haga fila como nosotros hacemos fila en los surtidores de combustibles”, le gritó una mujer.
El único foco de tensión grave se registró en el Trópico de Cochabamba, bastión de Evo Morales, donde hubo llamados a anular el voto. Morales, prófugo de la justicia por acusaciones de trata de menores, mantiene una fuerte influencia en la región.
En resumen, las elecciones en Bolivia han abierto un nuevo capítulo en la política del país, con un escenario inédito y un voto que busca un cambio de rumbo tras años de dominio del MAS.





