El Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia ha expulsado al presidente saliente, Luis Arce, acusándolo de desviar fondos del partido y de traicionar a sus militantes durante las elecciones generales del pasado 17 de agosto. La decisión se tomó tras un análisis de los pobres resultados electorales del partido y las denuncias de corrupción que rodean su administración.
En una conferencia de prensa, Grover García, presidente del MAS, confirmó la expulsión y afirmó que Arce no regularizó los supuestos desvíos de dinero, a pesar de las advertencias. "Hemos solicitado con varias notas que pueda regularizar esos desvíos, pero nunca lo hizo", declaró García. También señaló que Arce traicionó al partido durante el proceso electoral, afectando a los candidatos y militantes.
Además, García mencionó que las denuncias de corrupción en la administración pública bajo el mandato de Arce no han sido aclaradas, lo que ha generado un fuerte rechazo por parte de la población. "El pueblo lo reprocha, y por eso pedimos que el Ministerio Público esclarezca estas denuncias", añadió.
El MAS también criticó la gestión de Arce por no resolver el desabastecimiento de combustible que afecta al país desde hace meses. A pesar de las sugerencias del partido, el problema persiste, lo que ha aumentado el descontento hacia su Gobierno.
La expulsión de Arce se produce apenas dos días antes de que concluya su mandato, que comenzó en 2020. Este sábado, entregará el poder al presidente electo, Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano (PDC).
En las elecciones del 17 de agosto, el MAS obtuvo solo el 3,17 % de los votos, poniendo fin a casi dos décadas de gobiernos liderados por este partido, que estuvo bajo el mando del expresidente Evo Morales (2006-2019). Arce, quien fue ministro de Economía durante la gestión de Morales, había anunciado su candidatura a la presidencia en abril, pero declinó en mayo, llamando a la unidad de la izquierda boliviana.
La fractura interna del MAS se profundizó debido a las tensiones entre Morales y Arce por el control del partido y la candidatura oficialista para las elecciones. Con esta expulsión, el MAS busca distanciarse de un mandato marcado por la controversia y los desafíos.





