Un estudio reciente realizado en España sugiere que el ayuno intermitente no solo podría ayudar a perder peso, sino también mejorar funciones cognitivas como la memoria, la atención y el control ejecutivo. Sin embargo, los expertos advierten que estos resultados son preliminares y no deben interpretarse como una recomendación generalizada para todos. Aquí te contamos los detalles clave.
El estudio y sus hallazgos
La investigación, llevada a cabo por científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA Plataforma BIONAND) y publicada en la revista Gut, involucró a 96 adultos con obesidad. Estos fueron divididos en tres grupos: uno siguió una dieta mediterránea hipocalórica, otro una dieta cetogénica, y el tercero practicó ayuno intermitente en días alternos (ADA), alternando días de alimentación regular con jornadas de restricción calórica severa.
Después de 12 semanas, todos los grupos perdieron en promedio 7% de su peso corporal. Sin embargo, el grupo que realizó ayuno intermitente mostró mayores mejoras en pruebas de memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas. Además, este grupo presentó una reducción significativa de marcadores inflamatorios como la ferritina y la proteína MCP-1, y una transformación positiva de la microbiota intestinal, con un aumento de microorganismos que producen butirato, un ácido graso con efectos antiinflamatorios y neuroprotectores.
Experimentación en ratones
Como parte del estudio, los investigadores trasplantaron la microbiota de los participantes a ratones, observando en ellos mejoras inmunológicas y menor neuroinflamación. “El ayuno genera señales químicas desde el intestino que impactan directamente en el sistema inmune del cerebro”, explicó Virginia Mela, codirectora del estudio.
Precauciones y límites: qué dicen las expertas
A pesar de los resultados alentadores, especialistas advierten que el estudio tiene limitaciones importantes. Mónica Katz, médica especialista en nutrición, destacó que se trata de un estudio “absolutamente preliminar”, con una muestra pequeña y duración limitada. Además, advirtió sobre los posibles riesgos de adoptar el ayuno como moda: “Muchas personas terminan comiendo de noche, el peor horario, lo que puede generar una alimentación desordenada”.
Marianela Aguirre Ackermann, médica especialista en Medicina Interna y Nutrición, coincidió en que los resultados no son contundentes ni suficientes para establecer recomendaciones clínicas. Ambas expertas enfatizaron que los planes alimentarios deben ser personalizados y adaptados a las necesidades individuales de cada persona.
El verdadero aporte del estudio
Más allá del debate sobre el ayuno intermitente, el estudio aporta nueva evidencia sobre la relación entre microbiota intestinal, inflamación y función cerebral, un campo de investigación en crecimiento. Francisco J. Tinahones, investigador principal, señaló que “dos dietas pueden generar la misma pérdida de peso, pero tener efectos muy distintos en el cerebro”. Sin embargo, los propios científicos reconocen que aún es pronto para sacar conclusiones firmes y que se necesitan estudios más amplios, prolongados y personalizados.
¿Moda o herramienta útil?
Si bien el ayuno intermitente ha ganado popularidad como una posible herramienta para mejorar la salud metabólica y cognitiva, la ciencia aún no respalda su uso generalizado. Para los expertos, lo más importante sigue siendo una alimentación sostenible y equilibrada, adaptada a las necesidades individuales y enfocada en el bienestar a largo plazo.
En conclusión, aunque el estudio ofrece hallazgos prometedores, el ayuno intermitente no debería considerarse una solución única y universal. La clave, como siempre, está en el equilibrio y la personalización.

