Netanyahu sufre un revés en las elecciones de Israel pero evita la derrota definitiva

Netanyahu sufre un revés en las elecciones de Israel pero evita la derrota definitiva

Las elecciones legislativas de Israel han dejado al primer ministro Benjamin Netanyahu en una posición vulnerable, según los primeros sondeos publicados este martes. Aunque no se trata de una derrota definitiva, las proyecciones muestran que las fuerzas opositoras lideran el recuento, pero ninguna coalición alcanza la mayoría necesaria para formar gobierno. El sistema político israelí, basado en una cámara única de 120 escaños, requiere al menos 61 bancas para gobernar, un objetivo que parece eludir tanto al bloque oficialista como al opositor.

El bloque opositor, encabezado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, obtendría entre 52 y 53 escaños, mientras que las fuerzas que apoyan a Netanyahu sumarían alrededor de 50. El Likud, partido del primer ministro, conserva el primer lugar individual con entre 24 y 25 bancas, aunque sufre un retroceso frente a las 32 que poseía anteriormente. El resultado final dependerá del escrutinio oficial.

Netanyahu enfrenta no solo una batalla electoral, sino también una serie de desafíos personales y políticos. Su gestión ha sido marcada por acusaciones de genocidio en Gaza tras tres años de violencia, así como por denuncias de corrupción. Además, se le critica por ignorar advertencias de Emiratos Árabes Unidos sobre el ataque del 7 de octubre, con el objetivo de beneficiarse políticamente y frenar los juicios en su contra.

La oposición busca capitalizar el desgaste de Netanyahu, pero un eventual cambio de gobierno no necesariamente implicaría una ruptura con las políticas fundamentales de Israel. Eisenkot, vinculado al establishment militar y sionista, no propone un cambio radical en la opresión del pueblo palestino ni en la ocupación de territorios.

Una de las sorpresas de la jornada es el crecimiento de las fuerzas políticas árabes, que podrían obtener entre 17 y 18 escaños, un aumento significativo frente a los 10 actuales. Este electorado ha participado a pesar del racismo y la intimidación, expresando su rechazo a las políticas discriminatorias y a la guerra en Gaza. Sin embargo, los líderes opositores han excluido deliberadamente a los partidos árabes de las negociaciones, lo que complica su posible incorporación a una coalición de gobierno.

En este contexto, hay tres escenarios posibles: que Netanyahu logre sumar aliados para reconstruir una mayoría, que Eisenkot forme una coalición con apoyo parlamentario de sectores árabes, o que el país deba volver a las urnas si las negociaciones fracasan.

Las elecciones se desarrollan en un momento de creciente aislamiento internacional para Israel, con denuncias de genocidio en Gaza y un rechazo global a sus políticas. El respaldo de Estados Unidos y potencias europeas no ha sido suficiente para contrarrestar esta tendencia.

La posible salida de Netanyahu podría alterar los equilibrios internos, pero no garantiza un cambio profundo en las políticas hacia los palestinos. La oposición comparte gran parte de los fundamentos sionistas del Estado y no propone terminar con la ocupación ni reconocer plenamente los derechos nacionales palestinos.

En resumen, mientras las elecciones podrían marcar el fin de la era Netanyahu, el futuro de Israel sigue pendiente de complejas negociaciones y una posible reconfiguración del sistema político bajo una nueva conducción.

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