Una devastadora avalancha de agua, hielo, lodo y rocas arrasó este miércoles una vasta zona de la frontera entre Nepal y el Tíbet, en el Himalaya, dejando cientos de muertos, más de un millar de desaparecidos y una destrucción masiva. Autoridades de ambos países trabajan contrarreloj para rescatar a los supervivientes y proporcionar ayuda urgente a los afectados, mientras los científicos intentan determinar la causa de la tragedia.
Según estimaciones preliminares del Gobierno de Nepal, pueblos enteros han quedado completamente destruidos y al menos 10.000 familias se han quedado sin hogar. La magnitud del desastre ha sido comparada con una catástrofe de proporciones bíblicas, dada la extensión del terreno devastado y el número de víctimas.
El torrente, que se originó cerca de la frontera chino-nepalí, arrasó todo a su paso, incluyendo carreteras, puentes, edificios y centrales hidroeléctricas. Siguiendo el cauce de los ríos Lhende Khola, Bhote Koshi y Trishuli, el flujo de lodo y escombros avanzó unos 130 kilómetros, con olas de hasta 10 metros de altura. El Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas de Nepal (ICIMOD) registró un aumento del caudal del río Trishuli de nueve metros en apenas 30 minutos.
La velocidad del desastre agravó la tragedia. Según Guo Zhaocheng, geólogo del Gobierno chino, la avalancha avanzó a unos 50 metros por segundo, dejando a la población casi sin tiempo para reaccionar. Esto explica, en parte, el alto número de víctimas y la dificultad para llevar a cabo labores de rescate.
La colaboración entre Nepal y China es crucial en estos momentos, ya que ambos países intentan coordinar esfuerzos para asistir a los damnificados y reconstruir las áreas afectadas. Mientras tanto, la comunidad científica internacional está analizando las causas que desencadenaron este fenómeno, que ha dejado una huella imborrable en una de las regiones más remotas y espectaculares del mundo.
