El Teatro Nacional Eduardo Brito se convirtió en el escenario de un homenaje inolvidable: Rubby Infinito, un espectáculo que celebró la vida y el legado del legendario merenguero Rubby Pérez, mientras honraba a las víctimas del trágico accidente en el centro nocturno Jet Set. Con una combinación de tecnología, música sinfónica y emociones, la noche marcó un antes y un después en la historia cultural de República Dominicana.
Un inicio simbólico y cargado de emociones
El evento arrancó con un gesto sorprendente: una imagen generada por inteligencia artificial de Rubby Pérez interpretando ’O Sole Mio en versión merengue. Este inicio marcó el tono de una velada que combinó nostalgia, arte y homenaje. El público también guardó un minuto de aplausos en memoria de las víctimas del Jet Set, mientras banderas de sus países desfilaban como símbolo de respeto y solidaridad.
Bajo la dirección del maestro Manuel Tejada y con el apoyo de la Orquesta Filarmónica, el espectáculo reunió a grandes nombres de la música dominicana e internacional. Milly Quezada, Alex Bueno, Miriam Cruz y Olga Tañón fueron algunos de los artistas que llevaron su arte al escenario, interpretando éxitos de Rubby Pérez y otros clásicos del merengue.
Momentos que tocaron el corazón
Uno de los segmentos más emotivos estuvo a cargo de la familia de Rubby. Su hija, Ana Beatriz, junto a Jandy Ventura, interpretaron Sangre en mi cuerpo y Préstame a mi padre, canciones que arrancaron lágrimas del público. La sobrina de Rubby, Laura Taveras Pérez, también aportó un toque íntimo con la balada No me olvides.
Pero no todo fue melancolía. El espíritu festivo del merengue se hizo presente con interpretaciones como El africano de Miriam Cruz y Los Hermanos Rosario, y Pato robao de Alex Bueno. La ovación más estruendosa llegó cuando Zulinka y Miguel interpretaron De color de rosa, recibiendo una cálida bienvenida de pie por parte del público.
Un cierre que dejó huella
El espectáculo culminó con todos los artistas reunidos en el escenario, cantando y bailando al ritmo del merengue. A las 10:45 de la noche, el reloj marcó el final de una velada que, más que un homenaje, fue una celebración de la vida, la música y la cultura dominicana.
Rubby Infinito no fue solo un espectáculo; fue un recordatorio del poder de la música para unir, sanar y trascender. Una noche que, sin duda, quedará grabada en la memoria de todos los que tuvieron el privilegio de presenciarla.

