Un nuevo marco internacional plantea una evaluación más completa de la obesidad, incorporando factores como la distribución de la grasa corporal, la circunferencia abdominal y el impacto en la salud, más allá del tradicional Índice de Masa Corporal (IMC). Este enfoque, presentado en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology, busca superar las limitaciones del IMC, que durante décadas ha sido la herramienta principal para diagnosticar el sobrepeso y la obesidad, pero que no distingue entre masa muscular y grasa ni considera el riesgo metabólico individual.
Según expertos, el IMC, calculado a partir del peso y la altura, no ofrece suficiente información para determinar el riesgo de salud de una persona. Dos individuos con el mismo IMC pueden tener perfiles de salud muy diferentes, dependiendo de dónde se acumule la grasa, especialmente si se trata de grasa visceral, asociada con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Distinción entre obesidad preclínica y clínica
El nuevo enfoque introduce una diferenciación clave: la obesidad preclínica, donde el exceso de grasa no afecta el funcionamiento del organismo, y la obesidad clínica, donde ya existen alteraciones orgánicas o limitaciones en la vida diaria. Esta última puede estar relacionada con condiciones como insuficiencia cardíaca, fibrosis hepática o apnea del sueño.
Ante las proyecciones que indican que para 2030 cerca de 3,000 millones de adultos vivirán con sobrepeso u obesidad, y más de 1,100 millones tendrán obesidad, los especialistas sostienen que es urgente adoptar métodos más precisos para evaluar y tratar esta condición.
Una evaluación más completa
La propuesta recomienda complementar el IMC con indicadores como la circunferencia abdominal y las relaciones cintura-altura y cintura-cadera, así como tecnologías que miden directamente la composición corporal. Además, sugiere una evaluación clínica que considere enfermedades asociadas, funcionalidad e historia médica.
“La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que requiere una valoración individualizada”, afirma Víctor Kalpokas, gerente médico de Adium Latinoamérica. Este nuevo enfoque busca evitar simplificaciones que puedan retrasar la atención adecuada y abordar la obesidad con seriedad médica, sin culpa ni estigma.
Tratamiento personalizado
El abordaje propuesto incluye cambios en el estilo de vida, nutrición, actividad física, apoyo conductual y de salud mental, así como farmacoterapia aprobada o cirugía bariátrica cuando sea necesario. Sin embargo, siempre debe partir de una evaluación profesional y seguimiento médico.
En conclusión, aunque el peso y el IMC pueden continuar siendo un punto de partida, el diagnóstico de la obesidad ya no debería reducirse a un único número. Este nuevo marco ofrece una visión más completa y personalizada para enfrentar una de las mayores amenazas para la salud pública global.
