Indigentes duermen en calles de Santo Domingo bajo sol inclemente

Indigentes duermen en calles de Santo Domingo bajo sol inclemente

El dramático aumento de personas sin hogar en las calles de Santo Domingo ha encendido las alarmas sociales y gubernamentales en plena temporada de altas temperaturas. A medida que el sol golpea sin piedad, cientos de indigentes buscan refugio en aceras, bajo puentes y entre árboles, utilizando periódicos y cartones como única protección. Esta situación, ya crítica, se agrava con la falta de acceso a alimentos básicos y servicios sanitarios, especialmente para quienes padecen enfermedades o discapacidades graves.

El panorama es particularmente desolador en zonas como las avenidas Máximo Gómez y Nicolás de Ovando, donde los ciudadanos más vulnerables intentan sobrevivir en condiciones infrahumanas. Un hombre de 50 años, que llevaba tres años sin una pierna debido a una enfermedad vascular, compartió su lucha diaria: "Ni siquiera me he desayunado hoy", lamentó mientras señalaba su estómago vacío. Su historia se repite en otros puntos de la ciudad, donde la falta de vivienda y la exposición a la violencia se han convertido en una constante.

La magnitud del problema ha llevado a expertos y autoridades a cuestionar las políticas públicas actuales. Aunque existen programas sociales, muchos consideran insuficientes los esfuerzos para brindar refugio permanente y atención médica a quienes más lo necesitan. Además, la falta de coordinación entre instituciones y la carencia de centros especializados para adultos mayores o personas con adicciones agravan la crisis.

La opinión pública también se ha movilizado. Algunos ciudadanos, como Bienvenida Alcántara, culpan al abandono familiar y la falta de apoyo institucional: "Muchos adultos mayores son dejados a su suerte por sus propios hijos", afirmó. Por su parte, Carolina Arias sugirió la creación de una entidad dedicada exclusivamente a atender a esta población: "El Gobierno debe actuar antes de que esto se convierta en una tragedia mayor", advirtió.

Mientras tanto, los refugios improvisados bajo puentes y estructuras abandonadas continúan siendo el único hogar para muchos. Estos espacios, delineados con cartones y cortinas desgastadas, evidencian las condiciones de extrema pobreza que enfrentan sus habitantes. El moho en las paredes y el olor a humedad constante son testigos mudos de una realidad que parece no tener fin.

Esta crisis humanitaria no es solo un problema de Santo Domingo, sino un reflejo de desafíos más amplios en materia de desigualdad y acceso a servicios básicos en la región. Las autoridades enfrentan la presión de implementar soluciones inmediatas y sostenibles, mientras la sociedad clama por una respuesta contundente. El tiempo corre, y cada día en las calles representa un riesgo mayor para quienes ya han perdido casi todo.

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