El juez francés de la Corte Penal Internacional, Nicolas Guillou, ha sido bloqueado de servicios como Amazon y Airbnb, además de verse impedido de usar métodos de pago habituales tras ser incluido en la lista de personas sancionadas por Estados Unidos. La medida fue tomada después de que Guillou acusara al primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, de presuntos crímenes de guerra en Gaza. Esta situación revela el alcance del poder estadounidense en el sistema financiero global, ya que empresas europeas como Visa, Mastercard y American Express siguen las sanciones impuestas por Washington.
Guillou no es el único afectado. Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios palestinos, también fue sancionada por el gobierno de Donald Trump después de calificar como "genocidio" la guerra de Israel en Gaza. Estos casos muestran cómo las sanciones estadounidenses pueden impactar la vida cotidiana de personas fuera de sus fronteras, incluso en Europa. Empresas privadas europeas, temerosas de enfrentar represalias, suelen bloquear cuentas o servicios a quienes aparecen en las listas de sanciones de Estados Unidos.
El Banco Central Europeo (BCE) ha advertido sobre la vulnerabilidad estratégica que supone la dependencia europea de las redes de pago estadounidenses. Casi dos tercios de las operaciones con tarjeta en la zona euro pasan por compañías no europeas. Esta situación ha impulsado iniciativas como la European Payments Initiative (EPI), que busca crear una alternativa paneuropea a Visa y Mastercard. En países como Francia, Alemania y Bélgica ya funciona Wero, un sistema utilizado por más de 50 millones de personas.
En España, Bizum se ha convertido en una opción popular para pagos digitales en comercios, sin necesidad de involucrar redes estadounidenses. Además, en febrero, plataformas como Bizum, Wero, Bancomat (Italia) y otras firmaron un acuerdo de interoperabilidad para permitir transacciones transfronterizas en la UE a partir de 2027, cubriendo inicialmente a 130 millones de usuarios en 13 países.
David Ramos, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Carlos III de Madrid, señala que la política imprevisible de la Administración Trump ha demostrado que los sistemas de pago pueden ser un "instrumento de presión geopolítica". Ramos destaca que no se trata de abandonar Visa o Mastercard, sino de tener alternativas fiables para reducir la dependencia.
Ejemplos como el Unified Payments Interface (UPI) de la India y el sistema PIX de Brasil muestran que es posible desarrollar soluciones locales exitosas. En Brasil, PIX gestiona más de la mitad de las transacciones del país, a pesar de la fuerte presencia de Visa y Mastercard. Estos modelos podrían inspirar a Europa en su camino hacia una mayor autonomía estratégica en pagos.
En el horizonte también está el euro digital, un proyecto impulsado por el BCE que permitiría pagos móviles o mediante tarjeta en toda la zona euro. Sin embargo, poner en marcha una moneda digital es un desafío complejo y de éxito incierto. Algunos expertos sugieren que Europa debería primero consolidar un ecosistema de pagos paneuropeo antes de lanzar el euro digital.
Estos movimientos reflejan una creciente preocupación por la dependencia europea de infraestructuras financieras controladas por actores extranjeros. La creación de sistemas alternativos no solo tiene implicaciones económicas, sino también políticas, especialmente en un contexto global cada vez más fragmentado. La autonomía estratégica en pagos se ha convertido en una prioridad para Europa, que busca reducir su vulnerabilidad frente a decisiones como las sanciones estadounidenses.





