Arabia Saudita ha entrado oficialmente en guerra contra Irán en un giro dramático que altera el equilibrio de poder en Medio Oriente. El reino, que durante meses intentó permanecer neutral para proteger su economía y el plan Vision 2030, ha lanzado ataques conjuntos con Estados Unidos contra milicias proiraníes en Irak.
La escalada militar llega tras meses de tensión en la región, donde Irán respalda a grupos como los hutíes en Yemen y milicias en Irak y Siria. La decisión saudita marca un punto de no retorno, poniendo en riesgo la estabilidad energética global y la seguridad del estratégico estrecho de Bab el Mandeb, por donde pasa gran parte del comercio marítimo y petrolero.
Estados Unidos respalda a Riad en esta ofensiva, reforzando una alianza que había mostrado fisuras en años recientes. Las razones detrás del cambio saudita incluyen presiones internas, ataques a infraestructura petrolera y el temor a perder influencia en la región frente a Teherán.
Expertos advierten que el conflicto podría extenderse, afectando los precios del petróleo y desestabilizando aún más una zona ya convulsa. Vision 2030, el plan para diversificar la economía saudita, ahora enfrenta su mayor prueba mientras el reino se ve arrastrado a una guerra abierta.
Esta crisis redefine el mapa geopolítico de Medio Oriente y coloca al mundo ante el peor escenario de confrontación directa entre potencias regionales en décadas. La comunidad internacional observa con alarma, sin consenso sobre cómo detener una escalada que amenaza con incendiar la región.



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