Identidad Therian: ¿Espiritualidad o trastorno? Expertos explican la delgada línea
Una creciente comunidad de personas que se identifican como Therians —individuos que sienten una conexión espiritual con animales— ha generado debates en el ámbito de la salud mental. A diferencia de trastornos como la disociación, estos grupos mantienen un firme arraigo a la realidad, según expertos. El fenómeno, aunque minoritario, plantea desafíos clínicos y sociales en un mundo donde las identidades diversificadas ganan visibilidad.
El psicólogo Briant Taveras, de Médico Express, aclara que la clave está en la autopercepción controlada. "No es lo mismo adoptar una creencia que confundirla con una redefinición biológica", advierte. Mientras los Therians integran su identidad animal a su vida cotidiana sin perder la noción de su humanidad, trastornos como la despersonalización implican un rechazo patológico al propio cuerpo.
Comunidad vs. Riesgos
El sentido de pertenencia a grupos Therians fortalece la autoestima y ofrece redes de apoyo, pero Taveras alerta sobre los peligros de la rigidez grupal. "Cuando la identidad se vuelve dogma, aparecen riesgos psicológicos", explica. Estudios citados por el especialista señalan que el equilibrio entre creencia y realidad objetiva es crucial para evitar distorsiones.
En terapia, el enfoque no busca erradicar la identidad Therian, sino explorar su simbolismo. "Si no hay malestar clínico, trabajamos las emociones detrás de esa conexión animal", detalla Taveras. El objetivo: entender qué necesidades —biológicas, sociales o emocionales— se proyectan en esa identidad, sin negar la realidad física del paciente.
Orígenes y contexto
La identidad Therian no surge en el vacío. Factores como traumas, patrones de apego o incluso neurodivergencia pueden influir, según análisis clínicos. El entorno también es determinante: familias y sociedades que validan o reprimen estas experiencias moldean su expresión. "Es un mecanismo de regulación emocional complejo", insiste Taveras.
Mientras el fenómeno gana atención en redes sociales, los expertos penden evitar tanto la patologización automática como la romantización. El cierre del caso, por ahora, queda en manos de la ciencia: entender estas identidades sin estigmas, pero con rigor.






