Azua: el pueblo que esconde los secretos de la colonia y la rebelión taína
Bajo el polvo de los siglos, el Pueblo Viejo de Azua guarda un secreto histórico: los restos del legendario cacique Enriquillo, símbolo de la resistencia indígena, podrían yacer en este olvidado rincón del sur dominicano. Lo que hoy parece un remanso olvidado fue en el siglo XVI un hervidero de esclavos, cañaverales y conquistadores que marcaron el destino de América.
La villa original, fundada en 1504 por Diego Velázquez y Hernán Cortés bajo órdenes de los Reyes Católicos, fue el epicentro de un negocio brutal: desde aquí partían cargamentos de esclavos hacia otras colonias. Pedro Gallego Mariscal, uno de los primeros colonos españoles, combinaba la agricultura con este comercio infame, según revela el gestor cultural Julio Merán.
Caña, sangre y terremotos
La economía de la zona se sostenía sobre tres pilares: los trapiches de azúcar —como el ingenio Cepi Cepi—, la ganadería y la trata humana. "Aquí se forjó parte de la riqueza que financió la expansión española", explica Merán. Pero en 1851, un terremoto obligó a reubicar la villa tierra adentro, donde hoy se alza la moderna Azua.
Aunque el tiempo borró las huellas de aquella época, los residentes de Pueblo Viejo claman por rescatar su legado. Las calles deterioradas y la falta de preservación contrastan con la importancia del sitio, donde cada piedra cuenta una historia de conquista, rebelión y mestizaje.
Las autoridades culturales no han confirmado la ubicación exacta de la tumba de Enriquillo, pero la leyenda persiste. Mientras, los azuanos esperan que su pasado deje de ser un secreto a voces para convertirse en un patrimonio vivo. El sur dominicano, cuna de héroes y cicatrices, aún tiene historias que contar.

