De TikTok a los satélites de Elon Musk: la tecnología que está ayudando a Ucrania a contener la guerra

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A primera hora de la mañana del 24 de febrero del año pasado, las tropas de Rusia penetraron en la vecina Ucrania por cuatro frentes, poniendo en marcha una invasión militar que, a golpe de bombardeos, ha devuelto a Europa a las lógicas del siglo XX. A priori, el mayúsculo desequilibrio entre ambos ejércitos hacía presagiar una rápida victoria del Kremlin. Sin embargo, un año después Kiev sigue en pie resistiendo al avance ruso. Aunque en pleno 2022 la infantería y la artillería —métodos que parecían relegados al pasado— siguen determinando el curso de la guerra, ésta ha estado marcada por la tecnología, reconvertida en una aliada bélica esencial.

El uso de la tecnología no da una imagen completa del conflicto, pero sí explica dos historias poderosas. Por un lado, la torpeza de la maniobra militar rusa, atascada en la falta de coordinación entre los mandos oficiales y los soldados. Por el otro, el éxito estratégico ucraniano, clave tanto para la reconquista de su territorio como para impulsar la batalla propagandística en internet. El empleo de todo tipo de herramientas electrónicas no ha decidido la guerra, pero sí está ayudando a ir decantando la balanza.

Fracaso técnico de Rusia

Esa realidad ha sido palpable desde el mismo inicio de la incursión. Antes de desplegar sus tropas por tierra, mar y aire, grupos vinculados a Moscú lanzaron una oleada de ciberataques contra el Gobierno de Volodímir Zelenski con la intención de colapsar el tráfico web e infectar los sistemas de las administraciones. Rusia asestó el primer golpe, tanto en las calles y campos de Ucrania hasta en la red. Su superioridad militar debía ser abrumadora. Sin embargo, los ucranianos lograron contener el avance ruso y revertirlo en ciudades como Kiev o Járkov, forzando un repliegue del enemigo. Otros centros estratégicos como Mariúpol sí cayeron.

Ese fracaso se explica, en parte, por la falta de conectividad del Ejército ruso. El Kremlin ha contado con artillería, tanques, aviones, drones y satélites, pero no con radios eficientes que hayan permitido la comunicación entre los dirigentes y sus tropas. Éstas, aisladas sobre el terreno, han terminado dependiendo de dispositivos comerciales fabricados en China y de una mezcla de sistemas con un alcance máximo de 4 kilómetros tan ineficaz como insegura, según denunció el bloguero militar prorruso Andrei Morozov. "Resulta que nuestro gran país es incapaz de vestir, equipar y alimentar a su propio Ejército", relata en sus memorias el exparacaidista ruso Pável Filátiev —ahora exiliado en Francia—, quien cruzó la frontera sin un sistema de radio propio.

Ese contratiempo no se debe únicamente a los errores de cálculo cometidos por Vladímir Putin, sino también al efecto que las sanciones de Occidente están teniendo sobre la mermada economía rusa. Moscú quiere acelerar la producción de dispositivos de comunicación y de armas como drones o helicópteros, pero las restricciones comerciales impuestas por los aliados de la OTAN —que afectan desde semiconductores a ordenadores portátiles— están torpedeando esa misión. El último paquete de la Unión Europea (UE), aprobado la semana pasada, contempla prohibir la exportación a Rusia de 47 componentes electrónicos esenciales para la alta tecnología militar. Aún así, aliados como China e Irán siguen abasteciendo al Kremlin.

Éxito estratégico de Ucrania

Hace un año, se creía que la ciberguerra sería un eje central del conflicto. "Supuso una disrupción importante, pero al final no ha sido un factor condicional", explica Raquel Jorge Ricart, investigadora del Real Instituto Elcano experta en política tecnológica, digital y de ciberseguridad. Kiev no solo logró neutralizar las agresiones informáticas rusas sino también contraatacar. Eso fue posible gracias a la ayuda de gigantes empresariales como Microsoft y de colectivos digitales como Anonymous, pero también gracias a su robusto tejido de pymes tecnológicas y expertos informáticos, preparados para la guerra desde que Rusia se anexionase Crimea en 2014.

Las maniobras occidentales han desbaratado algunos esfuerzos militares del Kremlin y han dado alas a la obstinada resistencia ucraniana. En los primeros compases de la guerra, Kiev acudió principalmente a empresas privadas para abastecerse de tecnología puntera. Muchas de esas compañías han visto en el conflicto una oportunidad de testear sus productos. Dos días después del inicio de la invasión, el magnate Elon Musk activó los servicios de Starlink en Ucrania, una constelación de miles de satélites de baja órbita la empresa aeroespacial SpaceX cuyo rol ha sido vital para garantizar una conexión estable a internet del Ejército y los ciudadanos y evitar actos rusos de sabotaje. "Ha sido un punto de inflexión en nuestra supervivencia", confesó Olga Stefanishyna, viceprimera ministra ucraniana. También es el caso de Clearview AI, una controvertida empresa de inteligencia artificial que ha prestado sus sistemas de reconocimiento facial a Ucrania, siendo el primer gran conflicto en que se normaliza el uso de esta tecnología a gran escala.

El despliegue de más 25.000 terminales de Starlink en Ucrania —subvencionado parcialmente por Estados Unidos, Reino Unido y Polonia— fue un éxito personal de Mijailo Fedorov, el ministro ucraniano de Transformación Digital. De tan solo 32 años, la mano derecha de Zelenski ha sabido instrumentalizar las redes sociales para controlar la narrativa del conflicto, recaudar donaciones, ganarse el apoyo internacional y lograr que empresas como Apple o Meta (propietaria de Facebook) tomasen partido en el conflicto geopolítico y boicoteasen a Rusia. Esa hábil estrategia comunicativa ha llevado a Kiev a apoyar una guerrilla propagandística de 'memes' o a retransmitir en TikTok la experiencia personalizada de sus soldados en el frente. "Twitter es nuestra herramienta inteligente y pacífica para destruir la economía rusa", dijo Fedorov.

Más allá de las telecomunicaciones y la ciberguerra, ninguna tecnología ha sido más eficaz para la defensa de Ucrania que la militar. Washington ha proporcionado paquetes de ayuda sin precedentes que incluyen drones de vigilancia y los misiles HIMARS. Tras meses de presión, Alemania accedió finalmente el pasado enero a exportarles tanques Leopard, contribuyendo a un salto cualitativo. Con ese armamento sofisticado bajo el brazo, ahora ha pasado a pedir aviones a los aliados. La estrategia de Kiev apunta a que, de ahora en adelante, la supervivencia ucraniana pasará por seguir engrasando las capacidades tecnológicas de su ejército. El asesor del ministerio de Defensa ucraniano, Yuri Sak, parece tenerlo claro: "Excepto las armas nucleares, no hay nada que no vayamos a conseguir”.

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