Parkinson, una enfermedad incurable

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Pinterest
Telegram
Parkinson, una enfermedad incurable

La enfermedad de Parkinson (EP) es la segunda afección neurodegenerativa más frecuente, después de la enfermedad de Alzheimer, con un curso crónico y progresivo, con afectación multisistémica, tanto a nivel del sistema nervioso central como periférico, lo que provoca la aparición de síntomas motores. y no motores.

Janfreisy Carbonell Almonte, neuróloga de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (Cedimat), explica que la degeneración neuronal en el cerebro conduce a una disminución de los niveles de dopamina y la consecuente aparición de síntomas motores (temblor de reposo, rigidez muscular, lentitud de movimientos o bradicinesia, y en estadios avanzados, inestabilidad postural).

La mayoría de los casos de EP siguen siendo desconocidos (más del 90%). AGENCIA FOTOGRÁFICA

Sin embargo, la degeneración afecta a otras áreas del sistema nervioso, produciendo una alteración en otros neurotransmisores, dando lugar a una gran variabilidad de síntomas no motores.

La depresión, el sentido del olfato reducido, el estreñimiento y el trastorno del comportamiento del sueño REM (insomnio, sueños vívidos, pesadillas) se han identificado como manifestaciones premotoras.

El especialista señala que existen otros síntomas no motores que pueden aparecer en cualquier momento del transcurso de la enfermedad, “también existen otros trastornos del sueño como el grito nocturno, la somnolencia diurna; fatiga crónica, episodios de hipotensión por cambios de posición, principalmente al estar de pie, falta de control urinario como incontinencia o urgencia, trastornos depresivos, ansiedad, apatía, trastornos de la deglución, babeo (exceso de salivación), sudoración excesiva, entre otros.

A pesar de todos los avances en neurología, hoy en día, la mayoría de los casos de EP siguen siendo desconocidos (más del 90%). Es una enfermedad irreversible, por lo que no se sabe del todo cómo prevenir su aparición.
La EP afecta prácticamente a todas las razas por igual, donde a partir de los 60 años a nivel mundial, la prevalencia de la población afectada alcanza aproximadamente el 1-2%, y más del 70% de los diagnosticados de EP son mayores de 65 años. .

Por lo tanto, la edad es un factor de riesgo para su desarrollo. Sin embargo, no es una patología exclusiva de personas mayores ya que el 30% de los diagnosticados son formas familiares que afectan a personas menores de 50 años, en este sentido cobra interés el factor genético (menos del 10% del total de casos de EP).

El médico indica que el diagnóstico de esta enfermedad es básicamente clínico, a través de una buena historia clínica y examen físico, mediante la detección de los signos y síntomas motores y no motores antes mencionados.

“La escala denominada UPDRS (Escala Unificada de Evaluación de la Enfermedad de Parkinson) es muy útil para detectar y monitorear el progreso del proceso neurodegenerativo de la EP, que consiste en múltiples evaluaciones que miden el funcionamiento mental, el comportamiento y la conducta. animar; actividades de la vida diaria y función motora, complicaciones del tratamiento, entre otras condiciones”, afirma el experto.

Existen algunos criterios diagnósticos de apoyo como la respuesta a la medicación con levodopa, evolución típica del cuadro clínico, alteración en el SPECT cerebral, entre otros criterios a tener en cuenta para descartar otras causas de Parkinson.

Las pruebas complementarias que se suelen solicitar (RM cerebral, TC craneal) no suelen mostrar alteraciones específicas, sirven para descartar otras causas de parkinsonismo de origen vascular cerebral o estructural (procesos tumorales, hemorragia o isquemia cerebral, entre otras). También es importante descartar otras causas secundarias de parkinsonismo como las debidas al uso de determinados fármacos que contrarrestan la acción de la dopamina y de origen metabólico.

El SPECT cerebral es la prueba de neuroimagen que identifica los receptores de dopamina, evaluando la integridad del sistema nigroestriatal cerebral, alteración de la que se deriva la parte motora de la PE.
Tratamiento
El médico señala que la EP es una condición crónica, para la cual las terapias farmacológicas hoy en día están dirigidas a mejorar temporalmente los síntomas motores y no motores.

Los tratamientos farmacológicos establecidos son levodopa/carbidopa o benserazida y fármacos agonistas dopaminérgicos como el pramipexol y la amantadina, que ayudan a aportar dopamina que se va agotando paulatinamente en las zonas cerebrales afectadas.

Así como las terapias que generalmente se utilizan como coadyuvantes de los tratamientos antes mencionados como la rasagilina (inhibidor de la monoaminooxidasa tipo B) y/o la entacapona (inhibidor de la catecol-O-metiltransferasa); que ayudan a aprovechar mejor la disponibilidad de dopamina, prolongando la supervivencia de dicho neurotransmisor durante su metabolismo.

Estudios

—Ejercicio y terapia
Estudios recientes han determinado que, con ciertas rutinas de ejercicio y terapias físicas, la progresión neurodegenerativa de esta enfermedad podría ralentizarse entre 2 y 2,5 años aproximadamente.

Recomendación

Las terapias de rehabilitación complementarias son de gran importancia: terapia ocupacional, logopedia, terapia psicológica (tanto para el paciente como para sus cuidadores/familiares).

Todas estas terapias contribuyen, de una forma u otra, a que los pacientes con EP mantengan una vida más saludable y activa, con el mayor grado de autocontrol de sus funciones; mejorando así la calidad de vida no solo de estos pacientes, sino también la de sus familias.

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Pinterest
Telegram

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No te pierdas ninguna noticia importante. Suscríbete a nuestro boletín.