Escalada en la guerra de Gaza

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Escalada en la guerra de Gaza

La tensión en Oriente Próximo ha subido varios enteros con la muerte el martes en Beirut de Saleh al Arouri, número dos de Hamás y fundador del brazo armado de la organización. El ataque con un dron, presumiblemente israelí, contra un edificio de un suburbio de la capital del Líbano agrava la escalada y aumenta el riesgo de una extensión de la guerra de Gaza más allá de la Franja y de las acometidas de Israel en Cisjordania. El discurso de este miércoles del líder de Hizbulá, Hasán Nasrala, que adelanta que no pasará por alto el asesinato selectivo del militante de Hamás, las proclamas de venganza de esta organización y la amenaza del jefe del servicio secreto israelí, calificando de «muertos vivientes» a cuantos estuvieron implicados en el ataque del 7 de octubre dejan sin efecto diferentes iniciativas para lograr una tregua que permita el intercambio de rehenes y prisioneros.

Más allá del teatro de operaciones, la decisión de Egipto de suspender la mediación entre Hamás e Israel apenas cuenta. Lo realmente significativo es la configuración cada vez más explícita de un frente de rechazo en el que la milicia de Hizbulá actúa como el actor necesario para que el Ejército israelí tenga que presentar batalla en dos frentes. Al mismo tiempo, el alcance imprevisible de la reacción de Hizbulá es un factor de presión sobre los gobiernos árabes, que condenan la matanza en curso en Gaza, pero hasta la fecha han optado por la prudencia. Y por último se ha acrecentado la influencia de Irán en la guerra con su papel decisivo en tres frentes: el apoyo dispensado a Hamás, a Hizbulá y a la milicia hutí, que controla una parte del Yemen y pone en jaque la navegación en el mar Rojo, ruta primordial en las relaciones comerciales de China con Europa y en la exportación de petróleo.

En el combate sin fronteras de Israel contra Hamás son demasiados los factores que pueden favorecer la extensión del conflicto como para suponer que la muerte de Arouri se saldará con una multiplicación de declaraciones sin consecuencias tangibles en el campo de batalla. El pronóstico de varios mandos del Ejército israelí acerca de la prolongación de la guerra durante todo 2024 y la agitación de la calle árabe, hasta ahora muy comedida, son otros tantos factores a tener en cuenta para vislumbrar una posible globalización de la crisis con efectos políticos y económicos más allá de Oriente Próximo. Como se han ocupado en señalar en Estados Unidos diferentes voces del Partido Demócrata y del mundo académico y en Europa, de forma generalizada, una opinión pública conmovida por la extensión y las consecuencias de la guerra, los riesgos van en aumento a cada día que pasa.

La presencia en Beirut de un muy destacado líder de Hamás es un hecho significativo para medir hasta qué punto el islamismo radical está dispuesto a dar carta de naturaleza a una alianza de efectos imprevisibles, fuera del control de Arabia Saudí y Egipto, dos estados determinantes en la estrategia y el comportamiento de los gobiernos árabes. La muerte de Arouri no es una más en una guerra que el domingo cumplirá tres meses, sino la señal inequívoca de que el conflicto tiene una capacidad de contagiar toda la región muy superior a cualquier previsión hecha al desencadenarse las hostilidades.

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